domingo 1 de febrero de 2009

Fijate bien

-Lo... ¿lo has notado? -me miró.

Le examiné asustada, posando la mirada con fijeza en la mesa de madera astillada sobre la que se apoyaba mientras miraba la noche despejada por la ventana.

-No, no he notado nada ¿había algo que notar?
-Eres verdaderamente ineficiente y..., me atrevo a añadir, que una mema redomada.

Tu puta madre. Pensé mientras me acercaba lentamente a la ventana, intentado explorar el paisaje y buscando algún dato de alguna asignatura que me hubiera preparado para esto. No, no era tonta, ahí afuera no había cambiado nada, ni siquiera una brisilla que pudiera tirar una hoja del ciprés.
Posé la mano sobre el frío cristal y rápidamente se formó la huella de mi mano y su aureola con esa neblina tan graciosa. Llevaba metida en esa casa de mierda desde hacía dos meses, por suerte ya no tenía que pagar nada: 3.000 euros de matrícula lo cubría todo.

El señor Eduardo Llanero era uno de los jefes de departamento más galardonados de toda la universidad, nunca me dio clases pero nos hacían leer textos de él acerca de complicadas ecuaciones económicas mundiales y la repercusión del aleteo de un billete de un dolar en una ola gigante en el medio de Rusia. O algo de eso... yo me bajaba el resumen de los textos de patatasbravas o del rincón y a tomar viento fresco. Cuando comencé Económicas no me gustaba, como a casi todo el mundo en mi clase -bien cierto que teníamos dos excepciones con jerseis de rombos granates -pero luego fui descubriendo ese maravilloso mundo de lo oculto, de la gestión tras el telón, la mano que mece la cuna ¡se observa el movimiento pero no quien lo mueve! y así funcionan nuestros días, así que terminé enamorada de mi carrera y pagando 3.000 euros por el mejor máster que se ofertaba.
Ojo, conseguir que el señor Eduardo Llanero te acepte no es nada fácil. Hace test de aptitud, te pide comentarios de noticias de periódicos en otros idiomas, recomendaciones de profesores y son cientos de alumnos de todas las universidades de Europa los que optan por ese puesto. Y fíjate como son las cosas... que me tocó a mi.
El máster en gestión de recursos económicos de cara a los nuevos siglos sólo aceptaba a un alumno por vez, el señor Eduardo alquiló una casa en un pueblo del sur de la Comunidad Valenciana, bastante cutre por cierto, y nos dedicamos a vivir allí, sin más. Pocas veces me habló ni me dio ningún seminario. Cuando se dignaba a dirigirme la palabra era para repartirnos las tareas del cuchitril o para algunas de sus frases lapidantes:
-Debes fijarte en todo, anotarlo en tu mente. Cada gesto, cada palabra mía es el ejemplo que debes seguir.
-La matemática de la esencia está en las cosas que a los memos se les escapan. Hay que abrir los ojos, mimetizarlos con el número eterno.
-Las cosas valen lo que se cree que valen, y como cambien, lo que valía cambia de lugar y tu y yo aquí sin hacer nada. Como la vajilla de Napoleón.

Y yo no entendía nada, lo único que podía ver era una pizarra enorme con un 3.000 bien grande en tiza blanca y yo llorando delante, porque eso era lo que yo iba a ver de todo el máster... Aunque digo yo que el renombre lo ganaré ¿no?.


Golpeó los dedos contra la mesa, en señal de desaprobación.
-No, no, no, no, jovencita -pestañeé con fuerza, para no darle un puñetazo a la mesa. - Se ha perdido algo importante, un hecho que cambia el curso de la historia ¡estábamos aquí para eso y ha tenido los huevos de perdérselo!. Querida, acaba de perderse, el fin del mundo.





¿El fin del mundo? Pero si no ha cambiado nada.

Exacto.


miércoles 10 de septiembre de 2008

Te odian.

Si. Es una realidad. Los bancos te odian. Y no me refiero a esos bancos de metal de aire moderno que han invadido tu parque de toda la vida que en invierno están sumamente helados y en verano son sartenes, no, me refiero a las cajas de ahorros, entidades bancarias, financieras y todas esas chorradas que tienen una sucursal y un montón de anuncios esperándote.

Sucios mentirosos, te odian. Por mucho que pongan carteles de ayudas para jóvenes, cartillas para jóvenes, becas para jóvenes y poyas en vinagre para jóvenes.

Y no es que tenga nada en contra del capitalismo (nooo ¿yo?), por suerte nunca me han timado ni he perdido dinero en ninguna inversión bancaria. Pero te odian. Entras por la puerta unitaria parlanchina y ya te están odiando. Yo sujeriria que cambiaran el "Por favor, pase de uno a uno y deje los objetos metálicos en las taquillas" por un "¿Menor de 26? Pues aprieta bien el culo y ponte un chaleco fluorescente porque aquí dentro no te queremos".

Ais... Tu vas con tu buena intención, ha hacer algo que sin duda les dará más ingresos. Te sientas en las sillas verdes asperas (primer toque de tierra, pica, lárgate) y miras a la señorita sonriendo. Vas con vaqueros y camiseta pero te has maquillado para darte un toque de distinción (miento, para aparentar más años) y la señora te mira por detrás de sus gafas estilo Grease bajándolas lentamente hasta la altura de su nariz y recorriendo con los finos dedos la cuerdecita que sujeta las gafas al cuello.

- ¿Qué quieres?

¿Mande? ¿Dónde está el usted? ¿Y la cálida sonrisa que acabas de dedicarle al señor del traje de chaqueta con canas incipientes? Pero no pasa nada ¡nosotros tenemos la respuesta ensayada en casa! No se tartamudea, no te pones rojo, no dudas. ¡Eres joven!

- Mire venia para (hachazo).

- No mira para eso tienes que irte a la sucursal 5587 en Atomar Porculo

- Pero si aún no le he dicho lo que quiero.

- No claro es que tienes que venir con tus papis

(¡Arg! ¿ha dicho papis?)

- Verá, soy la titular de la cuenta, soy mayor de edad y puedo gestionarlo desde aquí porque lo he mirado por internet.

Ahí se callan, pero ya te han puesto nervioso y harán contigo lo que les venga en gana ¿por qué? Porque te odian.
A cualquier otro le habrían contado todas las ventajas, todos y cada uno de los detalles de cualquier consulta. Y no es que lo suponga, es que lo veía en las reacciones de los que había al rededor. Y no es que fuera esa mujer en concreto, que ya había cambiado yo de mesa.


¿Acaso nadie se ha dado cuenta? Al pagar en las cajas de los supermercados, en el médico, en la comisaría, la seguridad social, cualquier tipo de papeleo... Te miran mal, intentan darte puerta lo más rápido posible sin escucharte.

¿Acaso nadie se ha dado cuenta?

miércoles 3 de septiembre de 2008

Hoy

Hoy es uno de esos días en los que me siento triste. Cedo la palabra a mi buen amigo Espronceda.

Mío es el mundo: como el aire libre,
otros trabajan porque coma yo;
todos se ablandan si doliente pido
una limosna por amor de Dios.

El palacio, la cabaña
son mi asilo,
si del ábrego el furor
troncha el roble en la montaña,
o que inunda la campaña
El torrente asolador.

Y a la hoguera
me hacen lado
los pastores
con amor.
Y sin pena
y descuidado
de su cena
ceno yo,
o en la rica
chimenea,
que recrea
con su olor,
me regalo
codicioso
del banquete
suntüoso
con las sobras
de un señor.

Y me digo: el viento brama,
caiga furioso turbión;
que al son que cruje de la seca leña,
libre me duermo sin rencor ni amor.
Mío es el mundo como el aire libre...

Todos son mis bienhechores,
y por todos
a Dios ruego con fervor;
de villanos y señores
yo recibo los favores
sin estima y sin amor.

Ni pregunto
quiénes sean,
ni me obligo
a agradecer;
que mis rezos
si desean,
dar limosna
es un deber.
Y es pecado
la riqueza:
la pobreza
santidad:
Dios a veces
es mendigo,
y al avaro
da castigo,
que le niegue
caridad.

Yo soy pobre y se lastiman
todos al verme plañir,
sin ver son mías sus riquezas todas,
qué mina inagotable es el pedir.
Mío es el mundo: como el aire libre...

Mal revuelto y andrajoso,
entre harapos
del lujo sátira soy,
y con mi aspecto asqueroso
me vengo del poderoso,
y a donde va, tras él voy.

Y a la hermosa
que respira
cien perfumes,
gala, amor,
la persigo
hasta que mira,
y me gozo
cuando aspira
mi punzante
mal olor.
Y las fiestas
y el contento
con mi acento
turbo yo,
y en la bulla
y la alegría
interrumpen
la armonía
mis harapos
y mi voz:

Mostrando cuán cerca habitan
el gozo y el padecer,
que no hay placer sin lágrimas, ni pena
que no traspire en medio del placer.
Mío es el mundo; como el aire libre...

Y para mí no hay mañana,
ni hay ayer;
olvido el bien como el mal,
nada me aflige ni afana;
me es igual para mañana
un palacio, un hospital.

Vivo ajeno
de memorias,
de cuidados
libre estoy;
busquen otros
oro y glorias,
yo no pienso
sino en hoy.
Y do quiera
vayan leyes,
quiten reyes,
reyes den;
yo soy pobre,
y al mendigo,
por el miedo
del castigo,
todos hacen
siempre bien.

Y un asilo donde quiera
y un lecho en el hospital
siempre hallaré, y un hoyo donde caiga
mi cuerpo miserable al espirar.

Mío es el mundo: como el aire libre,
otros trabajan porque coma yo;
todos se ablandan, si doliente pido
una limosna por amor de Dios.
Canciones: El mendigo.



Brindo hoy por los planes fallidos, los mapas perdidos, las noches en vela, las lágrimas secas, el tiempo malgastado y las decepciones.

miércoles 6 de agosto de 2008

Veinte motivos por los que no podría ser una princesa Disney.

1.- Me cambio de ropa
2.- Los pájaros y demás animales del bosque no me obedecen (muy a mi pesar)
3. - El viento me despeina, NUNCA me peina.
4.- Tengo madre y padre y ambos aparecen en mis recuerdos.
5.- Todo el mundo NO me conoce.
6.- Uso frecuentemente pantalón.
7.- Me gusta tener más de una primera impresión para decidir casarme.
8.- No conozco a ningunas trillizas.
9.- No vivo en el Locus Amoneus.
10.- No tengo ningún mechón rebelde que forme parte de mi personalidad, así como pecas, tartamudeos ni muletillas.
11.- Uso timberlands cuando tengo que ir al monte, descalza en mi casa.
12.- No soy una hija modelo.
13.- Tengo amigos (pocos, pero los tengo).
14.- Cuando me aburro no hago las tareas del hogar.
15.- No provengo de famlia noble, ni de inventores, ladrones, ni siquiera ricos.
16.- Sólo formo parte de la especulación inmoviliaria, nada de hechizos, ni profecías, ni cosas por ese estílo.
17.- Me ducho y necesito ir al servicio.
18.- No hay ninguna necesidad compulsiva de casarme a ninguna edad determinada.
19.- No hablo sola y para comunicarme no canto (bueno, a veces si, pero es muy excepcional xD)
20.- No soy extremadamente guapa, ni mis labios son rojos cual carmín, ni mi cabello hace graciosos bucles dorados, mis ojos no son morados ni turquesas, conozco la ley de la gravedad y ¡¡me muerdo las uñas!!.






Vamos gozosos marchando a rendir
homenaje y juramento de lealtad y de fidelidad.
¡Salve, princesa Aurora!
¡Todo tu pueblo te adora!
¡Salve al rey!
¡Salve la reina!
¡Salve, princesa Aurora!
Dicha y riqueza,
salud y grandeza.
¡Salve, princesa Aurora!
¡Salve Aurora!
¡Salve Aurora!
Dicha y riqueza,
salud y grandeza.
¡Salve, princesa Aurora!
¡Salve al rey!
¡Salve la reina!
¡Salve, princesa Aurora!

domingo 13 de julio de 2008

La Portera

Aquí estoy

(A pesar de que oigas ruidos a derecha e izquierda sigo aquí, delante, no me he movido ni una milésima, aunque los ojos se me cierran entre lágrimas de sueño)

Aquí estoy

(¿No me oyes o es qué no me ves? ¿Acaso si sabes que estoy aquí pero me ignoras con elegancia cultivada con los años?)

Aquí estoy

(Pero no voy a tardar nada en marcharme ¿acaso ves como está todo? El desorden en mi cuarto es sagrado pero ¿en todo lo demás? Debe de ser limpio y estricto, correcto, educado, sencillo... Para más adjetivos, la RAE)

Aquí estoy

(Vale, ya lo capto, ya. La inmundicia, la asquead y todas esas cosas se está dilapidando a una velocidad alarmante ¿y que hago yo? Malgasto mi hermoso tiempo en estar sola. No bebo tres litros de agua al día, no hablo, no escribo, no hago nada productivo. ¿Quién soy para quejarme de la vulgaridad, de la mala educación, cuando yo misma soy diplomada y licenciada en la vulgaridad y la mala educación? ¿Por qué me canso de un mundo encuadernado y cuadriculado al que yo me aferro con toda mi fuerza y lo mantengo inerte entre mis brazos? ¿Por qué me obligo a sonreír ya cambiar el tono de voz si nadie me ve?).

Gracias por tus entradas del blog que me hacen regurgitar lo peor de mi, eres, sin duda, una maestra en las artes del centrifugado.
Te quiero, y lo sabes (por desgracia)

miércoles 4 de junio de 2008

Bujías

Sí. Cuando quiera yo
la soltaré. Está presa
aquí arriba, invisible.
Yo la veo en su claro
castillo de cristal, y la vigilan
-cien mil lanzas- los rayos
-cien mil rayos- del sol. Pero de noche
cerradas las ventanas para que no la vean
-guiñadoras espías- las estrellas,
la soltaré. (Apretar un botón.)
Caerá toda de arriba
a besarme, a envolverme
de bendición, de claro, de amor, pura.
En el cuarto ella y yo no más, amantes
eternos, ella mi iluminadora
musa dócil en contra
de secretos en masa de la noche,
-afuera-
descifraremos formas leves, signos,
perseguidos en mares de blancura
por mí, por ella, artificial princesa,
amada eléctrica.

Pedro Salinas



Sublime




domingo 1 de junio de 2008

Huele a Verano

Apoyada en la ventana de mi habitación diviso la ciudad. Hay quien dice que no es una ciudad, que le faltan muchas cosas para serlo pero ya son menos los que defienden que esto sea un pueblo, es demasiado grande.
Y se ve todo tan tranquilo, a penas coches con el amanecer y esa brisa que huele a verano. Si, a verano. Es una mezcla de frescura, juventud, alegría y despreocupación que causa un ligero escalofrío a primeras horas de la mañana, aún en pijama.
Huele a verano, me voy a permitir la anáfora. Es la misma brisa que me despertaba años atrás en los campamentos, siendo misteriosamente de las primeras en levantarme - con lo ceporra que yo soy-. Con las manos en jarras, un peine en el bolsillo y la piel de gallina debajo del bikini y unas chancletas.
En Madrid no hay playa, pero huele a playa. Sacar del armario la toalla y olerla, ahí esta la playa, ir en busca del after sun y untarse en los codos, ahí está el verano. El sonido de las chancletas contra el asfalto es, sin duda, el rugir de las olas.
Madrid tiene playa, es abstracta, efímera, huidiza, habita en los corazones, pero haberla ¡haila!

Y aún por la mañana se divisan los coletazos de la brisa nocturna del verano.
La brisa traicionera de la pasión desenfrenada, de la luna pura y clara, del mar oscuro como una lengua tenebrosa escupiendo arena. De las estrellas en el cielo sobre una conversación.


Pero bueno, este olor a verano es sólo momentáneo(¡menudo pareado!), el prólogo de otro verano.
Llegará y odiaremos el calor y la muchedumbre de la piscina, pues el mar de Madrid, como ya he dicho, es abstracto y, que yo sepa, en lo abstracto no te puedes bañar. Si cabe la suerte de pisar una playa estará llenita de gente luchando por un hueco entre roca y roca, nadando a duras penas entre bolsas y otros objetos flotadores preferiblemente no identificables. Por tanto, ¡que llegue el verano cuando quiera! A mi me sobra con la brisa marina y el mar abstracto e Madrid, una pena que no me guste madrugar.